martes, 19 de agosto de 2008

La Violencia Politica

No se puede entender el problema de la violencia política sin conceptuar a la política como la organización y aplicación sistemática de determinadas relaciones de poder, como la articulación de un conjunto de medios para la consecución y la preservación de éste. La política organiza el poder, le otorga forma estatal y viabiliza un proyecto socio-económico de clase. En este marco, la violencia es parte activa de la estructura social, no es sólo un instrumento o medio de lucha, sino sobre todo un modo de conflicto.

El surgimiento de la violencia política está estrechamente vinculado al desarrollo de la propiedad privada, y es sólo en el transcurso de la consolidación histórica de ésta, que la violencia se transforma en manifestación específica de poder social. En otras palabras, posee una base material concreta y no es una constante histórica, por lo tanto es factible su desaparición en una fase superior del desarrollo humano, cuando sea eliminado todo tipo de explotación pues –como señalara Engels- “el poder, la violencia, no es más que el medio, mientras que la ventaja económica es el fin” (1).


Cuando la ventaja económica, la ganancia, deje de ser la principal motivación de la producción material, cuando el fin de la actividad económica sea la satisfacción de las necesidades del hombre, y no el mero lucro, allí se crearán las condiciones básicas para la extinción definitiva de la violencia política.

No obstante, esta posibilidad histórica se vislumbra lejana, y la violencia continúa siendo componente central de todo el sistema de dominación. De allí que la clase en el poder requiera –a todo nivel- de estructuras que le permitan organizar el control social, minimizar los riesgos de un cuestionamiento revolucionario de la sociedad, y garantizar las condiciones para la reproducción ampliada del poder y del sistema en su conjunto. En esto el Estado desempeña un rol crucial.

Estado y violencia política
El principal organizador y concentrador de la violencia estructural es el Estado, de manera que cualquier intento por legitimar y justificar la violencia ejercida por la clase en el poder, pasa por legitimar el Estado. El objetivo básico que se persigue es despolitizar, desideologizar y neutralizar el Estado, presentarlo como el sintetizador del “bien común” y garante de la “ley y el orden”. Para ello es imperativo la imposición de una visión histórica de la naturaleza humana, la sociedad y elaborando, simultáneamente, conceptos abstractos de nación, interés nacional, estabilidad y paz social.

Este tipo de Estado se justificaría por el posible “caos” que devendría en la sociedad humana por el hecho de su inexistencia. Fenómeno que hace más de tres siglos ya debatían los grandes pensadores filósofos y políticos. Según esta corriente teórica –que de una u otra forma sigue vigente- la naturaleza humana es esencialmente egoísta y utilitaria, cada ser lucha por su propia subsistencia, por la satisfacción de sus propios intereses, lo que inevitablemente le lleva a la confrontación permanente con otros seres humanos. Esta situación es la que Hobbes (2) describiera como “la guerra de todos contra todos”. Situación superable sólo con apego a un ente no-utilitario, a un órgano que no buscase la satisfacción de intereses particulares, sino que comunes, generales. De allí surge la noción básica y la materialización del concepto del Estado actual como el único capaz de imponer el orden en medio del “caos natural”. Es decir, ser un “administrador neutro del conflicto social”.

Dicha tesis amerita al menos dos consideraciones. En primer lugar, la naturaleza humana no es egoísta, ni altruista, ni agresiva ni pacífica, ni buena ni mala en si misma, sino que simplemente sintetiza el sistema de relaciones sociales prevaleciente en un momento histórico determinado. La esencia humana en abstracto no existe, esta es concreta y, por sobre todo, dinámica, cambiante, de modo que la hipótesis de una situación natural de guerra permanente solo sirve para justificar la creación y consolidación de un complejo aparato de dominación de clase como es el Estado (analícese, en un grado menor, la lucha contra la delincuencia), además de proyectar la idea de la imposibilidad de transformar el sistema o luchar por una sociedad igualitaria, puesto que el ser humano sería individualista y egoísta en esencia y jamás podría cambiar.

En segundo lugar, es necesario puntualizar que el Estado no es un ente que esté por sobre las clases y la sociedad. Ninguna institución es neutra o poseedora de poder propio, más bien expresa poder social de clase. Es por ello que conceptos y prácticas tales como orden, legalidad, estabilidad, paz social, civilismo, etc., son de carácter tan determinado; la sociedad virtual no existe, ni ha existido, solo existe la sociedad históricamente concreta, de manera que el orden y la estabilidad que se defiende hoy, es el orden y la estabilidad del neoliberalismo. El Estado no es ningún sintetizador del bien común y del interés de un país, sino que de violencia política y, por consiguiente, de poder de un sector de la sociedad sobre otro.

La dimensión ideológica de la violencia
Históricamente a través de diversos medios de socialización -la estructura educacional, los medios de comunicación, entre otros-, la clase dominante ha ido configurando un sistema de valores, normas, conceptos y categorías tendientes a justificar su dominio: su preponderancia monopólica a regir los destinos de la humanidad, sus instancias de organización y la vida de los individuos. Medios entre los cuales la autentificación del uso de la violencia en sus diferentes formas por parte del Estado, su institucionalidad, sus fuerzas armadas y policiales, han sido una constante.

Esta manipulación ideológica se ha sostenido en tres ejes esenciales:

# a) Ocultar la violencia estructural propiamente tal.
# b) Legitimar la represión institucional.
# c) Deslegitimar toda violencia social contra el sistema.

La violencia es inherente a una estructura social injusta, a un orden social basado en la explotación del trabajo por el capital, en la exclusión y marginación económica, social y cultural de vastos sectores de la sociedad. De hecho la violencia no se reduce únicamente a su manifestación más ostensible, a su forma represiva. Esta última es sólo una vía que permite mantener maniobrando y desarrollándose a la violencia estructural en su conjunto, al capitalismo. Es por ello que Marx y Engels señalaron la existencia de un virtual estado de guerra entre patrones y trabajadores (3), en otras palabras, criticaban la influencia de la violencia económica y de cómo ésta se reproduce a través de todo el sistema consolidándose como violencia estructural.

Mas este modo de abordar el problema no es prerrogativa exclusiva de los clásicos del Marxismo, también –y básicamente a partir de la encíclica Populorum Progressio- la Iglesia Católica, en particular el Movimiento de la Teología de la Liberación, manifestó sin ambigüedad, que “la violencia originaria, raíz y principio de todas las demás violencias sociales, es la llamada violencia estructural, la injusticia de las estructuras sociales, sancionada por un orden legal injusto y orden cultural ideologizado, que como tales constituyen la institucionalización de la injusticia” (4).

El ocultamiento de la violencia estructural requiere imponer la idea de la libertad del individuo, de la igualdad de oportunidades, de los beneficios de un mercado abierto a la libre competencia. El esquema de valores imperantes reproduce sistemáticamente la idea de que los pobres, los marginados, son tales sólo debido a la mala suerte de haber nacido pobres o a su propia impericia, a su falta de creatividad y esfuerzos personales. Entonces la injusticia no es tal, pues las naturales diferencias sociales no son más que el resultado de las leyes de funcionamiento del mercado, leyes, que según se argumenta, no responden a los intereses de nadie en particular. Obviamente entonces, al negarse la injusticia social, se está negando también la violencia estructural.

Bajo este marco conceptual surgen las nociones de violencia directa (represiva) y violencia indirecta (estructural). Donde producto de la manipulación y desinformación ideológica, se tiende adscribir un carácter significativamente más negativo a la violencia directa que a la indirecta; se condena el destrozo de la propiedad pública y privada, un secuestro, un atentado, pero no ocurre lo mismo con la miseria, la pobreza, la carencia de vivienda o salud. O, dicho de otra manera, se considera social y culturalmente peor, matar que dejar morir. La clase en el poder juega con la sicología de las personas, con sus emociones y decepciones, a fin de encauzar cualquier signo de descontento, diluir y desviar la atención del impacto de cualquier violencia estructural.

Junto con la legitimación ideológica y política de la existencia y el recurso de las distintas formas de coacción, se deslegitima todo intento de organización popular de la violencia. A pesar que en los discursos oficialistas es frecuente la condena de la violencia “venga de donde venga”, en la práctica se busca neutralizar o desarticular únicamente su desarrollo en la base, su forma auto-defensiva u ofensiva, especialmente aquella que se puede erigir como alternativa de lucha política, militar o social.

En consecuencia, la naturaleza clasista del proceso en marcha instituye que la violencia ejercida por el sistema es positiva y necesaria. Es decir, toda consideración moral acerca de la violencia política, tiene que ver con el sistema de valores que éste estime necesario para lograr la estabilidad del mismo. Por eso se critica el uso de la violencia en política, en la misma medida que se crean organismos de seguridad y de lucha antisubversiva, y aumentan los presupuestos de las fuerzas armadas y de orden. Así se ha ido estableciendo una relación arbitraria entre democracia y paz por un lado y cambio y violencia por otro.

En este contexto ideológico es que surge una inevitable interrogante: ¿Existe una forma ética de ejercer la violencia? Está claro que de aceptarse el sistema de valores imperantes, como el único referente para medir lo positivo o lo negativo, lo bueno y lo malo del recurso de la violencia, la conclusión será siempre la misma: la violencia ejercida por la base social será siempre reprobable. Sin embargo, si ponemos el punto del análisis en otro ámbito, sí logramos trascender el límite de la moral general y vaga para reconstruir desde el pueblo -los verdaderamente afectados por ésta-, valores morales y nociones éticas que expresen la necesidad histórica del cambio social, y muy especialmente, que desmitifique el uso de la violencia por parte de las masas, ubicándola en su justo contexto como fenómeno socio-político, el centro del problema cambia:

* La violencia es moralmente válida y políticamente viable, en la medida que se corresponde con la dirección principal del movimiento histórico, al cambio social necesario para erradicar primero parcial y luego definitivamente la violencia estructural creada por el sistema capitalista.

* La forma ética de ejercer la violencia está en ponerla al servicio de las mayorías populares, al servicio del cambio social y de la dignidad humana.

* La violencia revolucionaria es una forma específica de manifestación ética, pues ésta no persigue la destrucción del ser humano y su entorno, ni su sometimiento, sino que es un período muy breve de la actividad por las transformaciones, sólo un momento histórico; no es un fin sino uno de los medios disponibles para desplegar la multifacética lucha por el poder popular.

* La violencia revolucionaria tiene un rango cualitativo, destruye para construir un sistema justo que nos encamine hacia una nueva sociedad.

La violencia militar
La violencia militar es una expresión particular de la violencia política que se estructura en forma de doctrina y se organiza como cuerpo armado.

Ninguna doctrina militar es neutral, más bien condensa la idea militar estratégica de quien la ejerce. En el caso específico de los países latinoamericanos, por parte del poder imperante, aún prevalece en la región la Doctrina de Seguridad Nacional, que con la entrada en escena de las democracias protegidas ha tendido en nuestros países hacia lo que hoy se conoce como “seguridad ciudadana”. La DSN en Chile como apreciación básica de cualquier futura guerra, partió a fines de los 70 manejando tres hipótesis de conflicto: en el sur con Argentina, en el norte con Perú y Bolivia, y en el frente interno, donde definitivamente se puso el mayor énfasis.

Lógicamente, la definición de frente interno conlleva la necesidad de organizar la represión dentro de nuestras fronteras y la voluntad de neutralizar o exterminar a un enemigo (el enemigo interno). Es decir, el desarrollo de la violencia en términos específicos y no genéricos como se expresaba en la idea de “todos contra todos”; más bien la guerra de las FFAA como instrumento político de la clase dominante contra el pueblo como sucedió tan explícitamente durante la dictadura. Sin embargo, junto con el proceso de transformaciones que ha vivido Chile luego del cambio pactado de un gobierno militar a uno civil dentro del mismo sistema, esta visión aún es compartida entre los diferentes actores políticos involucrados en dicho pacto. Diferencias más diferencias menos, en la lucha contra el enemigo interno, “el terrorismo”, están comprometidos todos quienes participan del poder (gobierno, oposición, FFAA, Iglesia). Entonces, no es correcto incluso desde éste punto de vista, hacer una división tan categórica y definitiva entre lo político y lo militar, puesto que en la práctica ambos se siguen conjugando a través del accionar del Estado y de sus instrumentos armados y no armados.

La violencia militar adquiere también diferentes formas, puede ser central o periférica en un momento histórico determinado, pero en lo fundamental, está siempre presente en forma de una estrategia militar para la obtención o la defensa del poder.

Por último, y obstante la condena a la violencia en general por “inhumana y anticristiana”, ante situaciones concretas de guerras o conflictos internos, la clase gobernante no sólo defiende moral y políticamente la violencia, sino que además es la primera en unirse para regular las formas de ejercerla y premiar a los agentes que se destacan en el ejercicio de ésta. De otra forma no se explicarían las convenciones internacionales que norman las guerras, los conceptos de valor y heroísmo, instituciones tales como las condecoraciones al mérito, pensiones específica, etc.

Conclusiones
La violencia no se puede separar de la política y no es sólo un instrumento auxiliar al cual se recurre en momentos de crisis.

La lógica definición luego de constatarse esta realidad objetiva, es que toda propuesta política debe, ineludiblemente, contener el factor violencia como una de las posibilidades históricas, especialmente la revolucionaria. Y es más, debe contar con una política y una estrategia militar capaz de disputar el poder. Entonces, podría existir un amplio debate acerca del contenido y la forma que definen su implementación, pero no sobre la necesidad de su existencia.

La violencia política no se reduce a su expresión militar, aunque ésta es su manifestación más ostensible, es por sobre todo una relación de poder, una estructura históricamente objetiva, la cual debe ser enfrentada tanto en el terreno material como en el político e ideológico, pues es un fenómeno multidimensional.

Notas:
1. Engels F. “Anti Duhring”. Editorial Grijalbo S.A. México D.F.- México 1981, pp. 152-153.

2. Hobbes T. Pensador inglés (1588-1679), cuya obra principal, “Leviatán”, sintetiza toda la teoría política del siglo XVII.

3. Ver por ejemplo, Engels: “La condición de la clase obrera en Inglaterra”, 1844.

4. Ellacura Ignacio S. J.: “Trabajo no-violento por la paz y violencia liberadora”. Revista Reflexión y Liberación, año 1, vol. 4, dic-febrero 1990. Stgo. Chile; p. 6.


La Izquierda: Inclusión al Conglomerado Neoliberal o la Construcción de la Fuerza Popular Alternativa

Fuente: www.fpmr-chile.org

El Manifiesto Comunista estableció como táctica de la confrontación política hace ya 160 años, que los revolucionarios “...luchan por alcanzar los objetivos e intereses inmediatos de la clase obrera, pero, al mismo tiempo, defienden también, el porvenir de este movimiento.”

¡¡Cuanta validez tienen estas palabras hoy en día!!, en que la perturbación económica, social y política del modelo “neoliberal” pone a la izquierda ante la disyuntiva de ceder a las tentaciones corto placistas y electoralistas, o bien concentrarse en la organización independiente del pueblo en lucha, un proceso con horizonte amplio que permita dar una salida popular a las contradicciones que se acumulan en este momento histórico.

El bloque de gobierno acrecienta la crisis de su gestión en la medida que se agudiza la crisis económica nacional y mundialmente. Y si los niveles de inestabilidad no son mayores, es porque los sectores populares aun no actúan políticamente, agrupados y coordinados en todo el país. Los actuales conflictos y luchas sociales serán el catalizador de este proceso organizativo en la medida que se fortalezcan también las organizaciones y alternativas revolucionarias que trabajen en esta perspectiva, el futuro de la lucha de clases en Chile esta abierto y aún no hay nada decidido.


El mal educado lucro y otras luchas

La forma en que el gobierno viene enfrentando los conflictos sociales es parte de la crisis de la Concertación. La imagen del Parlamento rodeado por un perímetro de cientos de carabineros que mantuvieron un cerco de hierro mientras se aprobaba la nueva Ley General de Educación LGE, poniendo a raya a los estudiantes y profesores que fueron excluidos totalmente del debate, es una síntesis de cómo hoy este gobierno, y en general el modelo, asume su gestión política y económica en el marco de lo impopular que es.

Un tema de fondo para nuestra sociedad como es el derecho a la educación, se resolvió de espaldas a la misma; la lógica del mercado seguirá rigiendo el modelo educacional chileno, según el cual básicamente quien tiene dinero accede a un derecho o servicio de “calidad”. A eso nos oponemos los rodriguistas cuando rechazamos el lucro en la educación, de priorizar el acceso a una educación digna para todos por sobre la posibilidad de acumular ganancias. Ese es el tema de fondo, no el dogma de la “libertad de enseñanza”, la “libertad individual”, de “emprendimiento”, u otra de esas consignas huecas y abstractas que el bloque en el poder –derecha y concertación- impone para esconder su fin último: que una minoría se enriquezca a través de una necesita social, y acumule a toda costa la mayor cantidad de capital posible (los sostenedores y las empresas de la educación).

La lucha contra la Ley General de Educación LGE no termina con su aprobación en el parlamento, la lucha principal tiene que ser llevada fuera de los espacios institucionales; ser una bandera y un conflicto de toda la sociedad, ya que sabemos que la solución real para lograr una educación para todos va de la mano con la derrota del modelo en su conjunto, el cual es la base de la crisis educacional chilena.

Por eso decíamos arriba que luchas como las que llevan a cabo los estudiantes deben entenderse como un medio para levantar el instrumento organizativo de dicho sector, que apunte contra el sistema en su totalidad, de lo contrario las luchas quedaran reducidas a episodios o “escaramuzas” contingentes, donde pueden haber derrotas o victorias parciales, pero que a largo plazo la iniciativa seguirá en manos de los poderosos o de los sectores reformistas que solo buscan utilizar la lucha social con fines auto referentes y electoreros.

Este mismo criterio es valido para el resto de las luchas sociales, el modelo en su agotamiento hace pagar el costo a los más pobres, ya que mientras la CUT negocia y cede un indigno reajuste del salario mínimo de 10.4 %, el sector financiero y las sociedades anónimas acumulan enormes ganancias en estos años, gracias por ejemplo al mecanismo de la UF (Unidad de Fomento), que favorece las transacciones de capital financiero mientras los salarios siguen prácticamente congelados.

Según estudios las utilidades de las instituciones financieras muestran una enorme tendencia al alza entre 1990 y 2007, con un aumento de más de 500% en el período!, y estas parecieran encontrarse por el momento aisladas de las variaciones en el nivel de actividad económica, de manera que las caídas en el crecimiento del PIB no se reflejan en descensos similares en las utilidades de estas instituciones

El crecimiento, fetiche del modelo, se estancó en junio-julio en un 2,1%. Por ello algunos economistas plantean un escenario de estanflación, donde el estancamiento se superpone a la inflación.

Como todos sabemos de una u otra manera, la mayoría de los chilenos se endeuda para llegar a fin de mes, solo el 20 % de la población tiene capacidad de ahorro. Aproximadamente el 30 % de los asalariados del país recibe el sueldo mínimo como renta mensual mientras el kilo de pan o de arroz cuesta 1.000 pesos.

Recientemente el Banco Central subió la tasa de interés bancaria en un intento por controlar la inflación suponiendo que esta medida frena el endeudamiento y el consumo a la vez que incentiva el ahorro, pero a la larga esto solo encarece la vida, mientras que los salarios siguen básicamente estancados y sencillamente no alcanzan, situación que no se arregla con el bono de 20.000 pesos para las familias más pobres que otorgó el gobierno, entre sus miles de intentos por tapar el sol con un dedo.

Ante este panorama complejo el gobierno aparece delegando toda la responsabilidad en la crisis mundial (como si esa situación de dependencia no hubiera sido potenciada por los mismos tecnócratas gubernamentales), y recomendando “apretar los dientes”, la brillante solución que La Moneda propone a los millones de chilenos.

La reciente muerte del diputado Juan Bustos, quien más allá de las grandes diferencias políticas con él y su partido, representaba al menos una lucha tenaz y ética por hacer justicia en los casos de violaciones a los derechos humanos de la dictadura militar, es simbólicamente la muerte también de esa fracción de la Concertación que intentó mostrarse cercana al pueblo, pero con un proyecto de sociedad que no hizo mas que alejarla, dejando una estela de desigualdad en la sociedad, y de corrupción y clientelismo en su seno. Un símbolo de esto lo refleja la caricaturesca decisión del Partido Socialista (PS) de optar como reemplazante de Juan Bustos en el parlamento por el Secretario General del PS Marcelo Schilling, responsable de la represión, tortura y asesinatos de luchadores populares al comienzo de la década del noventa, y métodos como la delación compensada y los montajes para acabar con las organizaciones revolucionarias, con las cuales tiene importantes deudas que saldar.

Mucho circo pero poco pan

A fines de julio se inscribieron en un grotesco espectáculo las candidaturas a concejales y alcaldes para las elecciones del 26 de octubre este año, y como si fueran parte de un universo paralelo, los intereses y disputas de los partidos y coaliciones están muy alejados de la realidad social, en un mundo concentrado en si mismo, pero proclamando representar a todos los chilenos.

No obstante ello, lo que es común a casi todos es el afán de capitalizar electoralmente la actual contingencia económica y social, ya sea para encauzar el descontento, o bien para mantener o ganar posiciones de más privilegio dentro de cada coalición o de la institucionalidad en general.

Estas elecciones representan también la decantación de las nuevas correlaciones y expresiones de la política tradicional, principalmente la aparición de corrientes y maniobras disidentes al interior de la Concertación, que han generado rupturas importantes como las ocurridas en la DC y el PPD.

Situación similar se aprecia en los sectores reformistas y electoralistas de la izquierda, que ha significado la pugna entre los miembros del desaparecido Juntos Podemos: por un lado el PC, la Izquierda Cristiana y el Partido Humanista, que en una espectacular voltereta en el caso de este último, terminaron rompiendo las propias bases fundacionales de su alianza, haciendo un “pacto por sumisión” con la Concertación en 25 comunas, 17 a favor del conglomerado oficialista, entre ellas La Florida y Maipú, y ocho a favor del PC.

Para el presidente del PC, con este pacto “...comienza la lucha por terminar con la exclusión y comenzar a hacer valer los equilibrios en el país". En realidad lo que se está haciendo es fortalecer o prolongar la gestión concertacionista, mediante un acuerdo que seguramente seguirá profundizándose para las próximas elecciones parlamentarias, ya que a medida que la crisis económica sigue desarrollándose, y ante el peligro de perder la gestión de este jugoso botín que es el aparato del Estado, más necesario será para el bloque gobiernista cooptar e “incluir” a la izquierda reformista en la institucionalidad para salvarse del precipicio.

Se trata este de un típico pacto o colaboración entre tiburones y sardinas, o dicho de una manera más clásica, dar un paso adelante y dos atrás, en los cuales el reformismo otra vez termina subordinándose al juego electoral de los poderosos, optando por una política de corto plazo que no considera la perspectiva estratégica de construir una fuerza popular independiente y clasista por el cambio social.

Por otra parte están aquellas organizaciones como el MPMR y el PC-AP, que sin abandonar la estrategia electoralista del Podemos original buscaban una opción más independiente, con la idea de “acumular fuerzas” desde dentro del sistema, una especie de reformismo más “crítico”, sector que luego de esta ruptura quedó marginado y aislado, al perder el paraguas legal y electoral que les daban sus ex socios del Podemos.

La opción de largo alcance del campo popular

La crítica tiene que comparar y contrastar un hecho no con la idea, sino con otro hecho, por eso es que reiteramos que el gran desafío de los revolucionarios es construir fuerza social no al calor de las campañas electorales sino de la lucha por las demandas populares, en donde la agitación, la organización y la educación popular son parte fundamental de la estrategia del periodo, que entiende las luchas contingentes como parte de la construcción de organización en el seno de cada sector social, levantando instrumentos organizativos con alcance nacional, clasistas, independientes del Estado y sus mecanismos, y con proyección en el tiempo, como una “onda larga” que es capaz de desequilibrar al sistema en todos sus aspectos y mecanismos coercitivos.

En este empeño estamos abocados varias organizaciones, que con diversos matices tácticos, dificultades y desniveles organizativos hemos comenzado a coordinarnos y unirnos en acciones que incidan en la actual coyuntura. El punto central es que por muy profunda que llegue a ser la crisis económica y las contradicciones sociales que esta genera, será solamente la acción política decidida de los trabajadores y el pueblo la que permitirá avanzar en la transformación de las condiciones de vida y estructurales que este país va requiriendo cada vez con más urgencia, y no el deposito mal habido de la esperanza en una clase política que está dispuesta a morder el polvo en defensa de sus mezquinos intereses.

Esta línea tiene hoy expresiones palpables y visibles en la Coordinadora Nacional de Estudiantes Populares CNEP contra la educación mercantil, la Coordinadora Sindical Clasista que lucha por un sindicalismo consecuente, y la Coordinadora por la Protesta Popular que ha sido protagonista de varias convocatorias de repudio al sistema el 2007 y principio de este año 2008 (Protesta Popular del 28 y 29 de marzo). Justamente sobre estos principios de coordinación sectorial se viene abriendo paso una convergencia central y de mayor aliento, que busca construir en la lucha una alternativa política popular y revolucionaria ante el actual sistema capitalista.

Ahora que el ambiente electoral comienza a instalarse masivamente, nuestra opción, nuestro “voto” es por expresar el descontento con la situación económica y social y con la llamada clase política, manifestar que hay otra opción aparte de las estrechas urnas, por lo cual estamos abocados a unir el descontento desde la base social, convertirlo en movilización y organización a escala local y nacional, realizando una gran movilización o expresión de protesta el 23 de octubre, a tres días de las elecciones municipales, que sea otro jarrazo en la cara de este sistema y sus gestores o aspirantes a gestores.

Debiera ser esta una manifestación potenciada desde los territorios o localidades, expresión de un quehacer concreto de coordinación y de defensa de las demandas populares, una superación de los tradicionales llamados al voto nulo, blanco o la abstención, que siendo legítimos y validos también como manifestación conciente de rechazo al sistema, han quedado reducidos mas bien a posiciones pasivas y hasta electoralistas, que en esta etapa no son suficientes si no van acompañados de la acción concreta y directa del pueblo, como una forma concreta de boicot a la clase política y sus intentos de superar la actual crisis del modelo mediante la pasividad o institucionalización de los conflictos.

Manifestamos entonces nuestro respaldo a la protesta popular del 23 de octubre, y el rechazo al sistema que el 26 los sectores concientes ejercerán votando nulo, en blanco o absteniéndose. Esta es una convocatoria abierta a que todos y todas podamos expresar nuestro repudio a la clase política, no votemos por ellos, botémoslos!!

Para nosotros esto no sólo es la posición frente a una contingencia, es la expresión de un proyecto y de una concepción ética y revolucionaria de la política, sobre todo en este año 2008, y en octubre, el mismo mes de las elecciones, que conmemoramos los 20 años de la caída en combate de Raúl Pellegrín y Cecilia Magni, “Rodrigo” y “Tamara”, que justamente dieron su vida para impedir la perpetuación de este sistema que una vez más busca su legitimación en las urnas, tal y como ocurriera en 1988.

Es un momento de definiciones: o le seguimos dando oxigeno a este sistema decadente para que nos incluya, o seguimos organizando una fuerza propia que permita los cambios radicales y de fondo que nuestro pueblo merece después de décadas de injusticia. Vota Protesta…Botémoslos a todos!!! Este sistema es un fracaso, es hora de cambiarlo…esa será la consigna

Cecilia Magni


"Comandante Tamara"

Cecilia Magni Camino

Es precisamente en la lucha contra la dictadura militar que se forjan nuevos contingentes de combatientes y revolucionarios, que abren camino a nuevas organizaciones.

Es la respuesta concreta a una situación concreta lo que da sustento al desarrollo ascendente de formas de lucha cada vez más avanzadas, ya que la dictadura y sus aparatos represivos imponían una guerra sucia implacable contra el pueblo, guerra que buscaba imponer por la fuerza un nuevo orden social basado en el capitalismo.

Como combatiente del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, Cecilia Magni Camino, "Tamara", se convierte en la encarnación de los valores revolucionarios madurados en la práctica. Los que la conocieron directamente bien dicen que era capaz de hacer de todo, era correo, era infra', era el cuadro militar, era el jefe de las milicias rodriguistas; y todo lo desempeñaba con la misma naturalidad.

En sus inicios enfrentó algunas mentalidades un poco estrecha que impedían aceptar de buenas a primera el protagonismo de una mujer en la organización revolucionaria. Se resistía a cumplir las tareas que a veces nuestro sectarismo le asigna a las compañeras, ella fue combatiente de primera línea, participó activamente en la planificación y ejecución de la Operación Siglo XX, el atentado al tirano, así como en las acciones del 21 de octubre de 1988 (Los Queñes).


Nuestro homenaje a Cecilia Magni Camino, Comandante Tamara
Siempre será difícil resumir en palabras una vida tan agitada, llena de entrega y amor a sus ideas, al Rodriguismo y, por sobre todo, a su pueblo.

Es que Tamara era capaz de hacer todo: era correo, era la "infra", era el jefe militar y era el jefe de las milicias rodriguistas. Y todo lo desempeñaba con la misma naturalidad, con la misma entrega, dedicación y esfuerzo.

Se inició en momentos en que su posición de jefe era discutida palmo a palmo con la capacidad de muchos y también con una mentalidad un poco estrecha, que impedía aceptar de buenas a primeras a la jefe mujer. Pero ella nos ganó y se impuso como calidad revolucionaria.

Nuestra mujer combatiente
Tamara es un ejemplo y su dedicación sintetiza la actitud de nuestras hermanas. Se comprometió con todo. Será la historia que recoja la vida de esta mujer caída por amor a la patria.

En muchas oportunidades hemos dicho que el Rodriguismo es una actitud ante la vida, de superación, de lucha y con gran voluntad de vencer. Tamara sintetiza nuestro pensamiento.

Tamaras han existido y existirán siempre; no se trata de hacer de ella una imagen inalcanzable; sólo pretendemos ser justos con esta corta pero intensa historia de una mujer revolucionaria.

Llena de ímpetu y de energía, sus metas muchas veces no pasaban por limitaciones orgánicas; así la conocieron pobladores humildes y estudiantes.

Cayó como ella quería: combatiendo. Se resistía a pensar en cumplir las tareas que a veces nuestro propio sectarismo le asigna a nuestras combatientes, la retaguardia. Fue una combatiente de primera línea, exigió su lugar en el combate y cumplió en él.

Finalmente, Tamara cayó para vivir en el corazón de nuestro pueblo. Su imágen seguirá recorriendo las poblaciones, junto a la mujer pobladora.

Comandante Tamara: Tu heroismo sin límite será nuestra bandera de lucha y un ejemplo inmortal que vivirá en cada generación Rodriguista.
¡¡ Y allí estarás, junto a nuestros héroes, presentes para siempre !!

Por la memoria de nuestros héroes...

Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate

Raul Pellegrin


"Pondremos la Dignidad de Chile tan alta como la Cordillera de los Andes"

Raúl Pellegrín
(Comandante José Miguel)

Otro principal protagonista del proceso revolucionario chileno es Raúl Pellegrín, el Comandante José Miguel del FPMR, a quien el golpe militar y el exilio en Alemania lo sorprende a los 15 años de edad.

En 1976 su familia se traslada a Cuba y asume la carrera militar incorporándose a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Cubanas logrando el grado de subteniente.

A fines de 1978, Raúl, junto a otros oficiales chilenos de distintos partidos de la izquierda, se incorporan a la lucha revolucionaria en Nicaragua, como asesor militar de una columna guerrillera en el Frente Sur, destacándose rápidamente en el combate.

Diversos testimonios nos revelan cómo solía criticar las actitudes conservadoras, el aferramiento a lo tradicional, la incapacidad de debatir en profundidad y apegarse a los formalismos, él exigía tenacidad, audacia, abnegación, madurez….

Después de la experiencia nicaragüense, Raúl Pellegrín regresa a Chile y entra a formar parte de la Comisión Militar del Partido Comunista Chileno y a ser el principal mando del FPMR. El Desarrollo del Frente, su organización, la evolución de las técnicas operativas, están relacionadas directamente con él, que asume los nombres de "José Miguel" o "Rodrigo". Su aporte político es determinante en todo el proceso de creación del FPMR y en el proceso de separación del PC chileno, debido a profundas diferencias de orden político-ideológicas, así como en el diseño estratégico del Frente como organización independiente.

Líderes como "Rodrigo", y también "Tamara", son los dirigentes preocupados del profesionalismo de los combatientes, del bienestar humano de los mismos, que desarrollan todo un código poético y lenguaje propio en el FPMR, que buscan formar luchadores impregnado de la esencia del pueblo, es el hombre obstinado en erradicar vicios y costumbres muñequeras y politiqueras para construir un tipo de rodriguista transparente, sin dobles discursos, consecuente.

El 21 de octubre de 1988, en el marco del proyecto de Guerra Patriótica Nacional (GPN), participa directamente en las acciones que se desarrollan en La Mora, Aguas Grandes, Pichipellahuén y Los Queñes. Decidido a ponerse a la cabeza de estas, señala con su ejemplo que no se puede ser un conductor sin asumir los riegos de ir en la primera línea, demostrando, empujando y señalando los caminos.

Esa actitud le costo la vida luego a manos de las fuerzas represivas. Sin embargo, esta misma actitud y el aporte político de Raúl, se transformarían en los cimientos sobre los que hoy el rodriguismo construye su nuevo proyecto político.


Nadie podrá acallar tu voz, Comandante José Miguel
Raúl Alejandro Pellegrin Friedman nació en Santiago de Chile el 28 de Octubre de 1958, en el barrio Independencia. Segundo hijo de matrimonio de militantes comunistas que en 1960 viajan a Cuba para incorporarse a las tareas de construcción del socialismo. Regresa a Chile en 1964 y estudia en la Alianza Francesa donde va destacando como líder de grupo y por sus condiciones de nadador. Participa de los trabajos voluntarios convocados en apoyo al Gobierno de Allende y estando en uno de ellos, en Combarbalá, ingresa a las JJCC. El golpe de estado lo sorprende en Isla de Pascua, en una gira de estudios y a su regreso, ingresa junto a su familia a refugiarse en la Embajada de Alemania viajando posteriormente a ese país. A los 15 años participa de las actividades del exilio: Organiza el conjunto folcklórico "Victor Jara" y las Juventudes Comunistas chilenas de la localidad. Estudia Ingeniería inicialmente en Alemania, terminando un ciclo en una Universidad francesa, por correspondencia.

En 1976 su familia se traslada a Cuba y asume la carrera militar incorporándose a las FAR cubanas y logrando el grado de Subteniente.

A fines de 1978, Raúl, junto a otros oficiales chilenos de distintos partidos de la izquierda chilena, se incorporan a la lucha Revolucionaria en Nicaragua, como asesor militar de una columna guerrillera en el Frente Sur, destacándose en las acciones combativas.

El Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea de Nicaragua testimonia: "En ese tiempo lo nombraron asesor de la Segunda Región Militar. Era un hombre de tremenda nobleza, puro e inteligente. Muy creativo y con tremenda disposición para el trabajo. Se casó con Panchita, la Capitán Francisco Herrera, con la cual tuvieron una hija, Carla Iskra. El ayudó mucho a la formación combativa de nuestras tropas". La capitana Francisca Herrera, su esposa, cuenta que solía criticar las actitudes conservadoras, el aferramiento a lo tradicional, la incapacidad de debatir en profundidad y apegarse a los formalismos. "El exigía tenacidad, audacia, abnegación, madurez ...".

Después de permanecer apoyando la lucha en Nicaragua, Raúl Pellegrín regresa a Chile y entra a formar parte de la Comisión Militar del Partido Comunista y de ser el principal mando del FPMR. El desarrollo del Frente, su organización, la evolución de las técnicas operativas, están relacionadas directamente con él, que asume los nombres de "José Miguel", "Rodrigo" o "Ricardo". Su aporte político es determinante en todo el proceso de creación del FPMR y en el proceso de ruptura con el P.C., así como en diseño de la estrategia de Guerra Patriótica Nacional y en las acciones posteriores.

La formación política, técnica y moral que desarrolló "Rodrigo" es señalada en numerosos testimonios. Es el dirigente preocupado del profesionalismo de los combatientes, del bienestar emocional de los mismos, el que desarrolla todo un código poético y lenguaje propio del FPMR rescatando las tradiciones de la lucha por la Independencia, es el que busca formar combatientes impregnados de la esencia humana del pueblo, es el hombre obstinado en erradicar vicios y costumbres muñequeras y politiqueras para construir un tipo de rodriguista transparente, sin dobles discursos, consecuente.

"Rodrigo nos ayudaba con una crítica muy fuerte. Había que conocerlo para comprenderlo bien. Su preocupación por la gente era constante, un rasgo muy típico de él. Sintetizaba lo que es humildad, sencillez, la sensibilidad de un revolucionario ..." cuenta un Rodriguista.

Otro testimonio señala: "... El establecía de inmediato relaciones de principio con uno. Eran relaciones muy profundas, de mucho respeto. No estaba con el manotazo en la espalda. 'Buenos días', la mano firme, 'asiento' y empezaba el diálogo no dejando lugar para el chistecito ... Se imponía por presencia. Le gustaba el Colo-Colo e iba al Estadio confundido con la masa, le gustaba el conjunto 'Los Prisioneros', la 'Nueva Trova', la interpretación del clavecín ...".

En medio de la discusión con el PC, "Rodrigo" escribe una carta que alcanza circulación restringida, y que retrata su pensamiento.

"... Las soluciones que se están adoptando implican que el Partido hace abandono del trabajo militar. Creo que existen responsabilidades personales que la historia del movimiento revolucionario en Chile no podrá olvidar. Formado como comunista, como oficial del partido de Recabarren, asumo la mía, con transparencia, con modestia y con dignidad. Opino que si se ponen jefes militares que la base no respeta, los militantes del Frente no se subordinan a ellos, y esta subordinación es esencial en una fuerza militar, quien crea que en una fuerza armada las cosas se arreglan entre amigos quiere decir que no tiene una remota idea de lo que es una fuerza militar ni menos una fuerza capaz de hacer cambios revolucionarios. Para que esta fuerza sea revolucionaria tiene que haber cariño por los mandos, confianza en su capacidad de dirección, en su prestigio demostrado en los hechos ...".

El 26 de Octubre de 1988 "Rodrigo" participa directamente en las acciones programadas y que se desarrollan en La Mora, Aguas Grandes, Pichipellahuén y Los Queñes. Decidido a ponerse a la cabeza de las acciones, señala con este ejemplo que no se puede ser conductor de una vanguardia sin asumir los riesgos de ir en la primera línea de combate, demostrando, empujando, señalando los caminos por donde se ha de transitar. En Los Queñes, luego de la toma del poblado y la propaganda armada realizada, se procede a un repliegue dificultado por el cerco represivo. El grupo de combatientes decide separarse y algunos de ellos son detenidos. Días después, en el río Tinguiririca, aparecen los cuerpos sin vida de los comandantes "José Miguel" y "Tamara". Al momento de su muerte Rodrigo cumplía 30 años.

Comandante José Miguel:
Seguiremos tu ejemplo de poner la dignidad tan alta como la Cordillera de los Andes

Por la memoria de nuestros héroes...

Ni un minuto de silencio, toda una vida de combate